Extraño. Hoy he mirado todos los periódicos, he buscado en Internet, he escuchado radio y como los magos… nada por aquí, nada por allá. Ni un comentario chiquitico, ni nada que fuera aunque sea una reprobación al espectáculo bochornoso que brindó Andrés Cabas anoche en el Teatro Amira De la Rosa, en uno de los encuentros más esperados por los asistentes al III Carnaval Internacional de las Artes. Es como si nadie hubiera visto nada, como para no tocar el tema.
“Cabas por Cabas” estaba previsto para iniciar a las 7:00 de la noche y quizá por esas infaltables situaciones de la vida, arrancó cerca de las 8:30 de la noche. Pero bueno, eso no tenía ningún tipo de trascendencia, más sabiendo que ya es una triste constante en nuestros eventos programados. Elegantemente vestido salió al escenario Eduardo Cabas. El grande. El artista, compositor, músico. El ARTISTA de la noche. El excelente conversador. El Señor Cabas. Yo nunca lo había visto antes. Pero había escuchado hablar de él un par de veces –miento. Muchas veces-. Nos contó a los espectadores sobre lo que había significado para él el arte en su vida, especialmente la música. Nos contó anécdotas familiares, confidencias que dejarían de serlo a partir de ese momento. Y todos estábamos fascinados con aquel señor. Mientras, proyectaban una foto de fondo en la que Andrés –el Cabas hijo- estaba pequeño aún y sentado frente a un gran piano. En ese momento su padre dijo “Yo he dejado de ser Eduardo para convertirme orgullosamente en el papá de Cabas”. Y rompió el silencio una cascada de aplausos.
Cuando Andrés entra a escena…De primerazo le dije a mi amiga Milena, quien estaba junto a mí, que venía caminando como un bobito… como un niño chiquito. Pensé que era parte del espectáculo, finalmente su padre lo estaba elogiando y él quizá querría mostrarse como el pequeño Cabas.Pero no. Andrés Cabas no tenía control de sí. No de lo que decía ni de lo que hacía. Comenzó la angustia, el malestar. El murmullo no se hizo esperar. Los barranquilleros, creo, tenemos un tacto especial para darnos cuenta cuando alguien está borracho. O quién sabe qué. Digamos que borracho. Y eso que hasta entonces él no había dicho ni una sola palabra. Cuando la dijo, fue peor. Absolutamente enredado. Con la lengua empelotada, tratando de disimular su estado. De la nada, hacía muecas, sonreía con la mirada perdida, agachaba la cabeza.
El público estaba confundido. Algunos aplaudían, otros se reían y yo, en voz alta, le dije a Andrés Felipe Solano, el joven que estaba encargado de conducir la velada, que no le preguntara nada… que él no podía hablar…. ¡Qué vergüenza!
Estoy segura de que la gente que se retiró de la sala, estaba de acuerdo conmigo. También parte de la que se quedó para ver finalmente con qué saldría. Y los que se quedaron, como yo, por respeto a su padre. A ese señor que permanentemente halaba hacia arriba esa noche de la que tanto hablaron los medios y que su hijo estaba llevando a pique.
Ni punto de comparación con la noche anterior en la que, Blick Bassy, cantante camerunés, hizo levitar a los asistentes con su música. Ni punto de comparación con el humor fino de Daniel Samper Pizano conversando con Daniel Rabinovich –uno de los integrantes de Les Luthiers-. Mejor dicho. No era lo que estábamos esperando.
“No es sólo por respeto a nosotros. Creo que por respeto a su papá él no debería estar así”, “qué estará pensando ese señor”, “qué dirá cuando vea las imágenes de esta noche… de cómo se nos presentó a los coterráneos…”, “no le celebren, que es peor porque sigue con la payasada de sacar la lengua”… se oían frases de incomodidad, de desaprobación…
No es moralismo. Creo que cada uno puede hacer lo que le de la gana. Pero no él anoche, cuando era el centro de atención. No. Por respeto a su papá, por respeto a Barranquilla, al evento que lo invitó con tan altas expectativas, al equipo de trabajo que tanto se esforzó para que todo saliera bien y a su propio arte.
¿Acaso teníamos que verle “la raja de la nalga”? (lo siento. No encontré otra manera para llamar eso que vimos anoche y que todos tenemos... pero que a pocos les interesa ir a ver en un evento como éste).
A los organizadores del Carnaval de las Artes: FELICITACIONES por tan grande evento. Bendiciones y fuerza para que cada año crezcan más y nos sigan llenando de reflexiones. A Eduardo Cabas: todo mi respeto, señor. A Andrés: como dices en “Mi bombón” ¡Bonita manera de llegar!.


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