miércoles, 11 de febrero de 2009

Blick Bassy. Un ángel negro.

El cantante durante su presentación en el marco del
III Carnaval Internacional de las Artes. Sábado 7 de febrero de 2009
Foto: Martha Herrera

Yo ya sabía de quién se trataba. Era el mismo personaje camerunés con el que habíamos compartido en agosto de 2008 un sancocho de guandú los chicos de la Banda Foclórica Distrital de Barranquilla, sus músicos y otros invitados, entre los que estaba yo. Era nadie más y nadie menos que el músico Blick Bassy.
Desde su presentación en La Fiesta de la Música de 2008, Bassy se metió en el bolsillo a los barranquilleros que conocimos de su arte y sus canciones. Esa dulzura, esa profundidad y su diciente manejo musical fueron las herramientas con las que construyó una imagen de respeto y admiración.
Me atrevo a decir que había tanta gente ese día en la Plaza de la Paz, que muchos de los rockeros, punketos y metaleros, dejaron de lado la intensidad de su música predilecta para arrullarse con la música tradicional de los pueblos cameruneses. Creo que a todos nos pasó igual.
Por eso, cuando supe que la organización del Carnaval Internacional de las Artes lo había invitado nuevamente a nuestra ciudad, ahora para hacer una presentación de gala en el teatro Amira De la Rosa, le dije a todo el que pude… con la boca llena, sabiendo que sería una excelente recomendación. Y cuando interpretó sus canciones, cuando cerraba los ojos mientras cantaba, cuando se escuchaba el saxofón y el bajo que lo acompañaban… creo que no habría un momento más mágico que este en toda la noche.
Debo confesar una cosa: después de ese día, no he podido dejar de escuchar su producción musical. Después de ese día me di cuenta de que, definitivamente, Blick Bassy se convierte gracias a sus canciones en un ángel negro al que no es necesario entenderle lo que dicen las letras de sus canciones. Todo queda claro con los sentidos. Es una conversación privada entre los del cantante y los de quienes lo escuchamos.